Principios

Los principios de la osteopatía se basan en los principios que formuló su precursor Dr. A. T. Still (1828-1927), quien a partir de una cuidada observación a sus pacientes y de la aplicación de sus grandes conocimientos de anatomía y biomecánica postuló que la salud y el funcionamiento correcto del individuo dependen de la integridad estructural global del cuerpo.
“El cuerpo es una unidad indivisible”. El ser humano no funciona como una serie de partes independientes sino como un todo. El mecanismo de unión entre las diferentes partes viene dada por la fascia (tejido conjuntivo). Los sistemas músculo-esquelético y nervioso contribuyen a la comunicación y a la locomoción, mientras que los sistemas arterial, venoso y linfático favorecen la nutrición de los tejidos y la eliminación de sustancias de desecho.
"La estructura y la función están interrelacionadas". Cualquier parte del cuerpo cumple una función que viene marcada por su propia estructura. “La estructura gobierna la función”.
El osteópata explora y trata manualmente la anatomía del paciente, buscando mejorar la relación entre aquellas estructuras y tejidos que permitirá restaurar la funcionalidad perdida y así, mejorar los síntomas. Unos de los principales objetivos en conseguir esta buena relación anatómica consiste en “proveer de movilidad” estas estructuras, especialmente cuando se trabaja sobre articulaciones, suturas, órganos, aponeurosis y tejidos de sostén.
"El cuerpo posee mecanismos de autorregulación”. El individuo tiende al equilibrio de sus sistemas. Existen muchos mecanismos de tipo neuronal, hormonal, vascular, etc. a partir de los cuales el cuerpo puede regular sus funciones de manera no consciente.
"El cuerpo tiene la capacidad inherente de defenderse y repararse”. Uno de los ejemplos más claros es cuando nos hacemos una herida, esguince o fractura. El cuerpo tiene la capacidad de repararse con una serie de mecanismos de adaptación.